NOMBRADA COMO CAPITAL EUROPEA DE LA CULTURA PARA EL 2016, ESTA CIUDAD MULTICULTURAL SE LEVANTÓ DESPUÉS DE SU CASI DESTRUCCIÓN EN LA POSGUERRA, Y HOY HACE HONOR A SU FAMA DE SER HOSPITALARIA Y AMIGABLE.

Puentes por todas partes, 112 para ser exactos, definen a la ciudad de Breslavia, más conocida como Breslau (en alemán) hasta 1945, o Wroclaw en el difícil polaco que suena algo así como “Vrotsuaf ”. Ubicada en el suroeste de Polonia, es la cuarta urbe más poblada del país. Dada su ubicación, ha sido siempre un punto de encuentro comercial y cultural entre Praga, República Checa, y la alemana Dresden, lo que le da un carácter cosmopolita, abierto y, según cuentan, hospitalario.

Al igual que el resto de Polonia, Breslavia acarrea una difícil historia en sus espaldas. En el pasado, pasó de mano en mano entre polacos, checos, austríacos, húngaros y alemanes. Pero fue a mediados del siglo XX, luego de ser bombardeada casi en su totalidad durante la Segunda Guerra Mundial, que la ciudad –entonces ocupada por los alemanes– fue re-habitada por refugiados polacos provenientes de Ucrania y de otras partes del país. Fueron ellos quienes tuvieron el deber de formar una identidad; de reconstruir, organizar y recuperar el encanto perdido de Breslavia.

Los antiguos y coloridos edificios son un claro ejemplo, pues dan vida a cafés y hoteles fascinantes, y a restaurantes para todos los paladares. Al borde del río Oder o alrededor de una plaza, ellos dan origen a una ciudad mágica en la que confluyen las culturas polaca, alemana y checa. No por nada le llaman el “punto de encuentro” de esos tres países.

El río Oder y sus diferentes afluentes y canales dividen estas tierras en doce islas, todas unidas por el centenar de puentes que aportan un aire romántico y pintoresco, y que le han otorgadoel apodo de “Venecia de Polonia”.

La mayoría de las atracciones turísticas de Breslavia está en el centro de la ciudad, una zona ideal para dar paseos a pie, es especial gracias a su clima cálido en verano y no demasiado frío en invierno.

De isla en isla

En el corazón de la ciudad está la Plaza del Mercado o Rynek, la segunda más grande de Polonia, después de la de Cracovia. Los edificios góticos, barrocos y renacentistas, con toda su historia y colores brillantes, adornan los
costados y calles aledañas. Dos de las que más llaman la atención son la casa de Jas y Malgosia (Hansel y Gretel) y la casa de los Grifos.

El gótico Ayuntamiento fue por siglos la edificación más importante de la plaza. Con sus fachadas oriental y meridional e innumerables ampliaciones, ostenta en su interior las salas de los Burgueses, de la Justicia –con un único pilar–, la Cantina, la sala del Consejo, el Refectorio, el Tesoro y la sala de los Príncipes. Todo esto, además del Museo Histórico. El ayuntamiento también abre paso a la Plac Solny, con su exquisito aroma a flores frescas a la venta las 24 horas.

No muy lejos de ahí, se levanta la Universidad de Breslavia, famosa por su fachada y más aún por el imponente Aula
Leopoldina, con sus fantásticos pilares, frescos, estatuas y muros que la convierten no sólo en la más grande construcción barroca de Polonia, sino en un imperdible de Europa.

Antes de cruzar el rojo y adoquinado Puente Piaskowy, está la segunda iglesia más grande de Breslavia, después de la catedral, la gótica Iglesia de San Vicente. Una vez al otro lado y al centro del Río Oder, encontramos las islas de la Arena y de la Catedral. En la primera están la Iglesia de Nuestra Señora de la Arena, también en estilo gótico, y la Iglesia de Santa Ana.

Para llegar a la Isla de la Catedral, es necesario cruzar el impresionante Puente Tumski, hoy reconstruido en hierro y habilitado sólo para peatones; y que reemplaza a un antiguo puente de madera.

Imperdibles son sus lámparas de gas que aún se encienden de forma manual, y que dan forma a un escenario perfecto para un paseo al atardecer. En la isla, donde se asentaron los primeros habitantes de la ciudad, hay encontrar diferentes iglesias además de la Catedral de Juan Bautista, que data del siglo XII y posee dos torres dedicadas a la Virgen y a Santa Isabel respectivamente.

CAPITAL EUROPEA

Desde 1985, cincuenta y dos ciudades del continente europeo han ocupado el cetro de Capital Europea de la Cultura. El próximo año será el turno de Breslavia, junto con Donostia-San Sebastián, en España. El objetivo de estas “capitales” es destacar las riquezas y singularidades de la ciudad y, a la vez, alentar el sentido de pertenencia de los diferentes países europeos, demostrando cuáles son las similitudes que los unen como continente.

Para los amantes de las artes escénicas y festivales al aire libre, en Breslavia hay mucho para elegir: el de música moderna (febrero), jazz (mayo), el festival “Non stop” que dura diez días y diez noches (agosto), y el Wratislavia Cantans, que este año celebra su versión número 49, y donde es posible ver diversos expositores de música clásica (septiembre).

SIGUIENDO A LOS GNOMOS

Una curiosidad de Breslavia son los más de 250 gnomos escondidos en diversos puntos de la ciudad. Sí, gnomos. Y no
es que tanto caminar –o un trago de más en la histórica cervecería Piwnica Świdnicka– haga que los turistas vean estas criaturas por todas partes, sino que en diferentes rincones existen pequeñas estatuas de bronce haciendo de las suyas.

Unos duermen, otros montan palomas, andan en moto, llevan cartas o incluso se puede encontrar a alguno borracho durmiendo. Cada uno tiene la clásica barba larga y el gorro puntiagudo que los define. La historia cuenta que, lejos de ser una mera decoración, estos duendecillos surgieron en la década de los ochenta como un acto de protesta pacífica de un grupo universitario, The Orange Alternative, contra el régimen comunista.