¿Sabías que un edificio también puede enfermar? Esto es lo que tuvimos conciencia en España a partir de finales de la década de los ochenta-comienzos de los noventa cuando numerosas edificaciones construidas en los años sesenta bajo el cemento aluminoso, comenzaron a venirse literalmente abajo al perder consistencia su estructura. Estas afecciones se hicieron especialmente notables en la costa mediterránea debido a la presencia de humedad siendo necesaria la rehabilitacion integral de edificios en Barcelona, Tarragona, Alicante y otras ciudades costeras.

El motivo por el que estos edificios necesitaron ser intervenidos o derruidos viene de que el novedoso tipo de cemento que era empleado en la fabricación de viguetas, perdía densidad y se volvía poroso ante altas temperaturas y humedad, haciendo más frágil y vulnerable la estructura de la edificación.

evitar-aluminosisEl uso de este tipo de cemento, ya retirado, se debió a que se detectó que fraguaba más rápidamente que otros cementos tradicionales, reduciendo el tiempo de fraguado y consiguiendo una resistencia final que era superior al del cemento tradicional en primera estancia. No fue hasta que, por desgracia, se midieron sus resultados en el terreno práctico una vez construidas las edificaciones, se detectó la falla que conlleva a la aluminosis y se decidió acertadamente “enterrar” este tipo de cemento del uso en construcción.

El Calderón como embajador

La sociedad española no tomó conciencia de la problemática hasta que el estadio del Atlético de Madrid, el Vicente Calderón, se convirtió en una de las principales víctimas de la dolencia también llamada “fiebre del hormigón”.

Una combinación de la humedad que produce encontrarse en la ribera del Manzanares, y en plena M-30 (principal circunvalación de Madrid), produjeron que el hormigón del estadio se viera especialmente dañado y teniéndose que tomar la rápida decisión de demoler o, lo que finalmente se hizo, restaurar por completo su estructura.

Restauración que en muchos casos no fue posible en barrios como los del norte de Barcelona, en especial el Turó de la Peira, donde a principios de los noventa mayor incidencia de aluminosis se registró en España.

Otras patologías estructurales

La aluminosis  es la patología más conocida que puede sufrir un edificio, pero no la única, al igual que el hormigón no es el único elemento afectado, viéndose viguetas de acero también involucradas en fallos estructurales.

  • Corrosión: cuando el acero se ve altamente expuesto a la humedad, se produce un efecto de corrosión (reacción química manifiesta en forma de óxido) que con el tiempo puede acabar por perder sección y resistencia.
  • Carbonatación: proceso muy parecido al sufrido por el cemento alumínico en el que las emisiones de CO2 (contaminación atmosférica) se “cuelan” a través de los poros de la masa de hormigón aumentándolos y haciéndole perder consistencia.
  • Picaduras: son los efectos evidentes de la reacción de cloruros en el acero de las estructuras. Aunque la presencia de picaduras en rara vez produce roturas, sí que hace perder sección mecánica del acero.
  • Descamación: la presencia excesiva de sulfatos en ambientes húmedos produce una notable pérdida de sección, a los que normalmente se les suma el añadido de un problema de corrosión en la armadura.