Es un museo al aire libre al que se le puede visitar caminando, por la cercanía de sus atracciones. La capital del antiguo imperio ejerce un magnetismo irresistible

Perfecto, estoy yendo para allí. Nos vemos en el arco de Constantino en 15 mimitos. Un beso”, dice una mujer de característico acento romano mientras habla por su telefonino móvil.La conversación, escuchada al caminar por esa espiral ascendente junto al Teatro Marceno, ayuda a tomar noción de cómo es vivir Roma desde la cotidianeidad.

Lo que para cualquier visitante es un sitio histórico, una parada obligada para contemplar y fotografiar, para un romano no es más que un mero punto de reunión, el equivalente a una simple intersección de dos calles. Quinta y Broadway para un neoyorquino. Santa Fe y Callao para alguien que vive en Buenos Aires.

La diferencia es que el Arco de Constantino está allí erguido, junto al Coliseo, desde hace 1700 años. Por eso el impacto. Allí, donde la mujer y su amigo finalmente se encuentran, estamos casi en el corazón de Roma. Por detrás está el Foro. A un costado, el Coliseo. También están los nefastos gladiadores, maleducados que intentarán salir en algunas de las fotos que usted está tomando, para luego demandar 5 euros por la aparición.  Asi como Venecia tuvo que decidir qué hacer con las palomas.

Roma contempla prohibir a los falsos gladiadores, por ahora sin suerte. Es dificil separar a la Roma antigua de la Roma turística porque una y otra están entrelazadas de un modo tal que la estafa y la fascinación milenaria quedan a un metro de distancia. Pero eso es Roma: un parque al aire libre de la antigüedad lleno de trampas para turistas.Por ejemplo, la sensación única de escuchar el agua que fluye de la Fontana de Trevi, antes de haberla visto. para luego toparse con una horda humana, molestos vendedores de flores, paraguas y palos para selfies.

Lorenzo Bennini esculpió la Fuente de los Cuatro Ríos en la Piazza Navona y a través de ella ridiculizó a su arquitecto rival, Francesco Borromini dando la impresión de que una de las estatuas (el Río de La Plata) se protege temiendo que la iglesia se venga abajo, mientras otra, el Nilo, se tapa los ojos para no verla de lo fea que es. La reacción es más o menos la misma ma que muchos pueden tener antes de toparse con esa masa uniforme de cuerpos, botellas de agua mineral y cámaras de fotos. Sera el momento de preguntarse: ¿no debería haber salido del hotel dos horas antes?

Roma antigua

El Arco de Constantino, además de ser el lugar de reunión de la mujer romana y su amigo, para nosotros es una buena medida para entender Roma, porque es el edificio más “moderno” (del año 31 2) y el único que fu e construido valiéndose de partes de monumentos anteriores. Si todos hubieran hecho lo mismo, hoy no existirían las ruinas antiguas de Roma Partes del Foro Romano datan del 800 a.C.

El Circo Massimo, lugar dedicado a las carreras de carros desde el añoo 600 a.C, es considerado la estructura mas grande para espectáculos construida por el hombre en la antigüedad: en total tiene 730.000 metros cuadrados, y una capacidad para 300 mil personas.

El Panteón, con su singular cúpula que termina en un óculo con vista al cielo, data del año 100 y está en impecables  condiciones. Antes de emprender el viaje, conviene dedicarle 100 minutos a Gente dí Roma. El filme de Ettore Scola que traza una parábola de la dudad, con sus defectos y virtudes, a través de una serie de personajes y de episodios, algunos breves y casi anecdóticos. A esto se le suman varios de los graffiti que adornan sus muros, que combinan originalidad con mal gusto, desde el “No es que nosotros seamos racistas, es que ustedes son negros”, hasta el “Quien borra esto es alemán”. También está muy presente la rivalidad futbolística RomaLazio, que llega a límites xenófobos insospechados.

El año pasado, los graffiti se trasladaron a los carteles electrónicos de los autobuses, mientras realizaban una huelga. Alli, junto al número, en lugar de anunciar el destino de la linea, se insertaron frases provocativas, desde “Reservado para parientes y amigos”, ”Yo estoy de huelga” hasta el insulto ”Vaffanculo”. No podría pasar en ninguna otra ciudad que no sea Roma.

El centro del transporte urbano es la Stazione Termini, cuya zona circundante ofrece cientos de opciones de alojamiento asequible, pero también de cuidado: ciertas áreas son decididamente inapropiadas, o tienen “hoteles” que en realidad se ubican en el quinto piso de un edificio sin ascensor. De ser posible, vale la pena huir de allí lo más pronto posible.

El transporte público en general esta desaconsejado, pero especialmente el metro. La pregunta de por qué una ciudad como Roma tiene sólo dos líneas y se demora tanto en hacer las extensiones prometidas, tiene la respuesta en la tierra: ante cada excavación, una nueva ruina arqueológica le pone freno a cualquier plan de expansión.

De a pie

Pero lo bueno es que a Roma se la puede vivir tranquilamente a pie, incluso con 40 grados de calor, siempre y cuando uno acepte una máxima de cabecera: ninguna botellita de agua en Italia puede costar más de 1,50 euros por la calle. Las máquinas las ofrecen a 1 euro. En los supermercados, valen menos de la mitad. Si se venden a 3 euros, mejor aguantar la sed y seguir adelante.

En términos generales, vale la pena dedicar las mañanas para los museos y catedrales de interés; el almuerzo como previa de una buena caminata al aire libre, una pausa al atardecer (infalible el helado o la botellita de agua sentado en las escalinatas de Piazza di Spagna, mirando el frenesí de la exclusiva Via Condotti, pero también puede ser un aperitivo en la exclusiva Via Veneto) y una cena con paseo nocturno en tres grandes ejes: Trastevere o el circuito que va de Piazza Navana a Campo dei Fiori, mercado que también habrá que visitar temprano para ver a los vendedores de frutas y verduras en plena acción.

Un consejo vital: los romanos no van a comer a trattorias que estén ambientadas como un templo de hace 2000 años ni aceptan un consejo de un pregonero callejero que intenta convencerlos de ingresar a una taberna contándole su menú en cuatro idiomas.

Las especialidades romanas que vale la pena apuntarse, a riesgo de sufrir una decepción si el lugar tiene más turistas que locales, son el abbacchio (cordero), los stracetti di carne con rughetta (finas tiras de carne de ternera con rúcula), los suppli (albóndigas fritas con anoz y queso derretido, entre muchas vatiantes), bucatini all’amatriciana y spaghetti alla carbonara, además de los infaltables carciofi (alcachofas) y el pecorino romano.

Uno de los lugares más interesantes para adentrarse en la ciudad romana es el barrio de Trastevere. Vale la pena reservar el día entero, si no dos, para recorrer el Vaticano, cruzando el río Tiber. Sin Angeles ni Demonios a la vista, el Castel Sant’Angelo, tan protagonista en el libro de Dan Brown, ofrece una vista inmejorable del río y mesas donde sentarse y ver el atardecer mientras se saborea un café.

El rito del café

Atención: el café italiano es cortisimo, se bebe en tres sorbos como máximo. Si espera otra cosa, mejor avisar de antemano y evitarse el mal momento. “Café americano” es la orden que entenderá cualquier barista de la ciudad.

El ritual de tomarlo “al banco” (de pie) es italianísimo: se paga en la caja (generalmente 1 euro), se dan dos pasos al costado y allí se le entrego el ticket al barista. Pero el acto en sí mismo conlleva nunca más de 3 minutos. ¿Cuántos cafés son muchos? Es para preocuparse si ya llevan bebidos cinco y no son las 3 de la tarde.

Cada uno encuentra su propio punto en el que esta ciudad afloja las piernas. Cuando se visita Roma por primera vez, el quiebre puede ser la escalinata de la estación de metro Colosseo, antes de toparse con la gran mole de cemento que uno vio millones de veces, y sin embargo no vio nunca o entrar a la Basílica de San Pedro y encontrarse con La Piedad, llena de vida, en un costado, o impactarse con el techo de Il Gesú, donde los ángeles parece que revolotearan ante sus propios ojos. Pero quizás, el momento de emoción sea entrar en una pequeña capilla perdida en una calle adoquinada, y encontrarse solo, por fin, ante un altar hermoso que no figure en ninguna guía turística.

La tumba de Juan Pablo II y la Capilla Sixtina, punto cumbre de los Museos Vaticanos, obviamente son otros de los grandes candidatos a dejar escapar una lágrima de emoción. Y ni hablar si el Papa Francisco se asoma por el balcón a dar misa.

Los vendedores de las librerías/santerías cercanas a San Pedro están de parabienes con el pontífice latinoamericano. “Este Papa es una bendición, vende como ninguno. Benedicto XVI no vendía nada mientras él era Papa, seguía vendiendo más Juan Pablo ll”, explica sin rubores uno de los comerciantes. Pero así y todo, el negocio no deja de ser una tentación, con libros en todos los idiomas, rosarios perfumados y otros souvenirs que tendrán un valor muy superior al pagado para el que los reciba del otro lado del Océano.

Maravillosa por donde se la mire, Roma oculta otra cara que está lejos de la perfección: es una ciudad caótica que jamás podría aparecer en el ranking de mejores lugares para vivir que anualmente confecciona la revista Monocle. Desde el tráfico hasta su desorganización urbana, nada la acerca a la ciudad verde, ecológica o amigable para el peatón. Lo que ves es lo que te llevas, slogan americano que le cuaja de maravillas al centro de Roma.
Sin embargo, su magnetismo radica en su extraordinaria capacidad integradora. El romano no quiere irse de Roma ni piensa en el Norte ni el Sur. El romano piensa que Roma es el centro de su mundo y con eso le basta. Pero al contrario de lo que pasa en otras urbes, el romano también les permite a los foráneos integrarse y transformarse en un romano más, sin distinciones. “La opción para integrarse no es hablar italiano, sino hablar romano”, cuenta un camarero rumano que lleva 8 años en una trattoria en vía Urbana y habla con el mismo acento que Francesco Totti.

A sólo tres calles de allí, atravesando la vía Cavour y no muy lejos de San Pietro in Vincoli (que tiene el extraordinario
Moisés esculpido por Miguel Angel) estaba la casa de Nerón, la villa Domus destruida en el incendio del año 64, pero de la que aún se conservan ruinas. Hoy, mientras el viajero se cerciora de que la cámara fotográfica tenga suficiente batería, para los romanos no es más que otro punto de encuentro.

Infaltables visitas en Roma y El Vaticano

  1. Coliseo
  2. Piazza di Spagna
  3. Fontana di Trevi
  4. Basílica de San Pedro
  5. Plazza Navona
  6. Panteón
  7. Castel Sant’ Angelo
  8. Campo del Fiori
  9. Foros imperiales
  10. Iglesia de San Pietro in Vincoll